Majestades:
Señoras y señores:
Discursos van, discursos vienen y no dicen gran cosa. Hemedido las páginas. No pasaré de diez con letra grande.
Ya Cervantes lo dijo todo en esta lengua de nacer yseguir naciendo desde la meseta hermosa hasta los últimos parajes insulares, delos trópicos a la Antártida, y uno debiera entrar en el callamiento este 23 queno es de abril sino de la respiración del mundo. Porque uno dice aire y dicetiempo con respiro temerario y hasta dice eternidad en español, sílaba y mássílaba, del vagido al velorio, y el prodigio sigue creciendo más allá de todacircunstancia por adversa que sea; más allá por ejemplo de la inmolación y delmartirio en esos rápidos que el otro día partieron extrañamente de Alcalá.
Ser es crecer yeso lo dijo el sánscrito, de tal suerte que cuando somos más bien crecemos.
Pero no procede laalabanza en esta fecha sino la confirmación de que vivimos colgados dellenguaje como dijo Niels Bohr y ese lenguaje es el que respiramos y vivimos acada instante, lo mismo en la península que en las cumbres andinas o en lavastedad oceánica, o en las grandes ciudades, de los trópicos a los hielos. Noestoy tan seguro de que el juego dé para tanto en el bellísimo Paraninfo comopara decir algo nuevo. No hay nuevo. Apollinaire habló con insistencia de lenouveau al empezar el otro siglo. ¿Qué será le nouveau? Un minuto, y se arruga.
Vivimos tiempo queni se detiene ni tropieza ni vuelve. Soy hijo de minero del carbón y eso lodije hace 12 años, cuando el Premio Reina Sofía, y está escrito que losverdaderos poetas son de repente, y no basta e! oficio. La poesía encarna enuno como por azar. También lo dije allí. Te dan la palabra que no mereces y tepones a balbucear el mundo, imantado como en el amor por el encantamiento y eldesollamiento. Lo dijera
Cervantes:
"Yo quesiempre trabajo y me desvelo
por parecer quetengo de poeta
la gracia queno quiso darme el cielo".
Me remonto a mi mocedad, a esos 17 años que andaránsiempre en nosotros, me remonto a mi mocedad con epicentro en la Biblioteca dela calle Vivar en Iquique, naturalmente Ruy Díaz de Vivar. En ese Iquique quevino a ser algo así como mi primer exilio, o más bien mi intraexilio en losbordes del Perú. Ahí me veo leyendo todavía sin parar la colección enteraRivadeneira, donde también Darío aprendió a leer a España en profundidad.
Ahí debemos andartodavía entre los altos anaqueles, naciéndonos los unos de los otros:cervantinos, quevedianos, gongóricos, teresianos, ¿por qué no?, a la siga deJuan de Yepes, rey del idioma. Pero no sólo a la siga de la clasicidad áurea,sino también de aquellos otros —los cronistas— que escribieron el Nuevo Mundoen esos mismos días, más allá de los mares, los desiertos, los abismos, cuandoel Descubrimiento y más acá del Descubrimiento, cuando la Conquista y el granminuto colonial, que no fue acaso servidumbre sino proyecto de ser. De ser y demás ser como es la libertad y el ejercicio mismo de la poesía. Ahí me veo tambiénleyendo por primera vez la Revista de Occidente, el diario El Sol de Madrid yel Lorca del Romancero gitano, y a los poetas del 27.
"No hay Diosni hijo de Dios sin desarrollo", dijo una vez Vallejo, el más grande poetadel Perú, genio del mestizaje como nuestra Mistral o nuestro Rulfo, nuestroDarío o el mismísimo Neruda cuyo centenario esta ardiendo estos días en laPatria Grande de Cervantes que es la lengua. Esa Patria Grande que nos une atodos por sangre y por oxígeno, se entiende, desde el Cid al Quijote y más acá.
Cuando hablo de laamarra entre la Edad de Oro y los Cronistas de Indias, estoy pensandonecesariamente en los progenitores de la gran narrativa iberoamericana, losCarpentier, los Rulfo, los Arguedas, los Cortázar por ejemplo, y aún ennuestros poetas visionarios: un Huidobro, una Mistral, un Pablo de Rokha, unVallejo, un Neruda o un Octavio Paz.
Más claro: no esque seamos únicamente libro, somos también imaginación abierta, a las grandesmudanzas, y amor, y libertad al mismo tiempo. Todo eso hablando de niñez yreniñez incesante, de riesgo y de coraje.
Ahí vamos en laapuesta. ¿Qué será el 3004 de nosotros, por ejemplo?, ¿el 4004 qué será? Ahíestará otra vez intacto Cervantes leyendo el parpadeo de la historia en el delas estrellas. Leyendo el mundo y releyéndonos. ¿Qué será de él mismo y porañadidura, si se quiere arbitraria, qué será de nuestro Borges y su Aleph,Neruda y su Residencia, Vallejo y su Trilce, Carpentier y sus Pasos perdidos,Huidobro y su Altazor, Darío y más Darío?
De niño aprendísolo, yo solo, que hay que mirar hacia adelante y también hacia atrás al mismotiempo y no tenerle miedo al miedo. Porque no se me da la sentencia preciosadel gran Eliot: “Te mostraré el miedo en un puñado de polvo”. No es para tanto,nunca es para tanto.
Está escrito quelos grandes ríos arrastran la sabiduría; el Bío-Bío por ejemplo que procede deBuy-Buy, vocablo de los aborígenes para designar a esa inmensidad sonora comoel Yang-Tze o el Orinoco, ese mismo Buy-Buy de mis infancias que el otro Alonsovadeara tantas veces allá por los 23 de su mocedad, el caballo andaluz todosudado. Pinto la figura y paro: el verdadero fundador de Chile es él, inventorde su mito en la Araucana celebrada por Cervantes en el capítulo VI, mito queaún resuena en el Canto General de Neruda. Ahí va esa octava inmortal que másparece un parte clínico de hoy con fecha y hora exacta:
“Aquí llegó,donde otro no ha llegado, don Alonso
de Ercilla, quee! primero, en un pequeño barco
deslastrado,con sólo diez pasó el Desaguadero el año
cincuenta yocho entrado sobre mil y quinientos, por
febrero, a lasdos de la tarde, el postrer día volviendo a la
dejada compañía”.
Señoras y señores: Difícil enhebrar la aguja lúcida paraeste barbarofonón. La poesía encarna en uno como por azar. Y es que uno no lamerece a la palabra. Se la dan porque se la dan. Será cosa de los dioses perotambién del obseso de ser y más ser que anda en el mísero alumbrado que soy yomismo, ese otro alumbramiento más allá de la madre, de la niñez a la reniñez,del vagido al velorio, y por ahí cosa más de fisiología que de metafísica, másde animal de instante que de loco de eternidad, aunque siempre hice mías unasparcas líneas de Teresa de Ávila, a unos milímetros de Gabriela.
“Tengo unagrande y determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo queviniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que trabajare, murmure quienmurmurare, siquiera me muera en el camino, siquiera se hunda el Mundo”.
Lo que quierodecir es que encima de los ochenta —ya destemporalizado y desespacializado—sigo intacto, creo que sigo intacto, nadando en el oleaje de las pubertadescíclicas, de encantamiento en encantamiento y de desollamiento endesollamiento. Nada me desengaña y el mundo me ha hechizado, sin insistir en lacuerda de Quevedo. Ni en la de Huidobro que nos hizo viejóvenes para siempre.No paso de aprendiz y el seso no me dio para letrado, ni menos para el fulgorencandilante de estar aquí. Pónganse en mi caso, es que no lo merezco ¿qué lovoy a merecer?
Alone, pontifexmaximus de la crítica oficial de Chile, cartero o no pericoloso de las honras,me echó fuera del planeta el 48, cuando mi primer libro; ¿cuál sería esedomingo mercurial? — "Al paso que van, dijo, las letras nacionales noprometen nada bueno". Epitafio antes de nacer, la vanidad se cura a laintemperie como las grandes heridas, ¡y además mi libro se llamaba la"Miseria del Hombre"!. Escarnio pide escarnio, y es bueno que a unole digan no. No, porque lisa y llanamente no, y basta. Mucho sí te encumbra yte envilece. Ah, y otra cosa en esto de escribir y difundir: demóratedemorándote todo lo que puedas, ritmo es ocio y sosiego (y eso lo supoCervantes como nadie), prisa para qué, laudatio para qué, vitrina publicitaria,publicidad vergonzosa para qué. Este oficio es sagrado y no se llega nunca.Claro, uno cree que de repente dice el Mundo, y puede ser ¿por qué no? cada 10,cada 5, cada 3, cada nunca, ¿por qué no?. Se escribe y se desescribe, Kafka,Rulfo, Vallejo incomparable. iY Cervantes, mi Dios!
Y algo entoncessobre el aprendiz interminable que soy yo mismo. Escribo cada día al amanecercuando el duchazo frío me enciende las arteriolas del seso. Siempre me funcionóel crepúsculo matinal; el otro, el vesperal, mucho menos; será cosa de respiroimaginario. Porque de veras soy aire y eso tiene que ver con el océano del granGolfo de Arauco donde nací, y también con las cumbres de Atacama donde (allápor mis 20 años) los mineros del cobre me enseñaron mucho más que elsurrealismo: a descifrar el portento del lenguaje inagotable del murmullo, elcentelleo y el parpadeo de las estrellas.
Permítanmeaclarar: yo tenía 20 años y estaba ahí estudiando en una facultad de letras deSantiago capital de no sé qué, a unos metros del gran Huidobro a cuya casasolíamos concurrir algunos jóvenes para oxigenarnos. De golpe se me dio elhartazgo. ¿Hartazgo de qué? De nada, como es el hartazgo; en ese asomo al serque dice Heidegger. Entonces me aparté de todo y me marché a las cumbres deAtacama en búsqueda de mí mismo como son todas las búsquedas o en busca de mipadre muerto, que casi siempre es uno mismo. Además él fue un minero que veníade mineros, de esos mismos nortes.
Así, fui a pararal norte, en diálogo amoroso con mujer, una muchacha limpia y mágica deapellido británico, madre del hijo primogénito. Después, ya libre de academiasy vanguardias vanguarderas, el viento de esas cumbres me lo dio todo.
Sé que me repitopero qué le voy hacer. Soy la metamorfosis de lo mismo. Y el país longilíneo espara la risa: se lo da todo a sus poetas: la asfixia y el ventarrón de la puna,el sol hasta el desollamiento, lo pedregoso y lo abrupto ¡y que lo diga laMistral!, el piedrerío, lo hortelano y la placidez, el sacudón que no cesa yunas veces estalla cataclístico, la fiereza de las aguas largas y diamantinas,los bosques donde vuelan todos los pájaros, iesos bosques!, ¡esa hermosura quenos están robando del Este y el Oeste en nombre de la tecnolatría!, logeológico y lo mágico de más y más abajo donde empieza el Principio, más allátodavía de lo patagónico y lo antártico.
El rey Juan Carlosanduvo el otro día por ahí y alcanzó a ver lo diamantino de lo antártico y susincreíbles proyecciones para otros plazos del planeta. Yo también anduve ahíhace unos años y fundé una escuela para niños en La Villa de las Estrellas.Esto vengo a pedir en la gran fecha cervantina: volvamos al reencuentro de losunos y los otros. Volvamos al rehallazgo en la Villa de las Estrellas.
¡Chile: paísvivido! Personalmente yo he vivido largo a largo ese país y no por turismoliterario, ¡Diosme libre! sino por locura y, ya de niño, me fui a morar parasiempre a cada uno de sus párrafos geológicos y geográficos, de norte a sur.Pero no soy eso que dicen un poeta lárico o telúrico sino más bien un poetagenealógico de mundanidad, que cree en la doble parentela: la sanguínea y laimaginaria. De eso supo Cervantes como ninguno. Así, por ejemplo, si el minerodel carbón don Juan Antonio Rojas me engendró en plena juventud en la ventoleraseminal de los ocho hijos al cierre de la primera guerra, también me engendróVallejo y, ¿por qué no? Quevedo.
Dos animalesliterarios por portento especial me deslumbraron en el siglo que pasó, tanto ocasi tanto como el genio de Alcalá a lo largo de mis niñeces y mis reniñeces,dos adivinos anarcas y mágicos a la vez hasta las medulas desolladas, comohubiera dicho Quevedo (sin esdrújula), dos esquizos prodigiosos que hablabansolos y no es cosa de niños ni de viejos: Ezra Pound, que hablaba solo; Borges,que hablaba solo, Roberto Matta, que sigue hablando solo. Lo incluyo a Matta enla dinastía porque ese sí es un poeta pura sangre como Juan Rulfo aunqueninguno de los dos haya escrito nunca un verso. ¡Ese Matta transgresor — roto ypije a la vez, fino y rajado (como se dice en Chile), allendero como yo,partidario de la justicia hasta las últimas consecuencias como el ingeniosohidalgo, defensor de los humillados y ofendidos, los ametrallados y losmutilados, los desaparecidos y los muertos en el plazo pavoroso del 73, eseMatta que sigue dándole buen oxigeno a la especie! En cuanto a Pound,"galimatías y esplendor", como lo juzgó alguna vez Octavio Paz,nacido en Idaho donde dicen que crecen las mejores patatas del planeta(potatoes se dice allá), en cuanto a ese clásico único apaleado por loco ennuestro plazo, cuyos Cantares todavía serán leídos más allá del sigloveinticuatro, a ese tal lo vi o lo intraví en Venecia el 99 bajo la llovizna enla prisa del cimitero de San Michele a medio cerrar porque ya iban a ser las 4y el vaporetto 52 que sale de San Marcos no espera. Ahí alcancé a ponerle alacostado bajo el mármol alguna rosa y alguna lágrima —¿por qué no?— y a decirle"Arrivederci, Miglior Fabbro: nos vemos"
T. S. Eliot acertócuando le puso así en la dedicatoria de su Waste Land (Tierra Baldía): "Almiglior fabbro". Al mejor hacedor. Ahí quedó durmiendo el ocioso, alarrullo del tableteo de las aguas.
A Borges, encambio, lo vi en pie, bastón en mano, en Yale el 81, pero él naturalmente no mevio. Todavía está ahí ¿será el único que no se nos ha muerto nunca? Algo hay enél de resurrecto incesante, como en Huidobro o todavía más en Vallejo, quien esel que más me es, en rigor de abolengo, de los progenitores inmediatos de lacenturia que pasó. Siempre hablando de Borges, o últimamente de Neruda, eso delos cien años es cosa peregrina, ¿quién no cumple cien años? Además, quéimportan las efemérides engañosas. El tipo está joven y el Aleph está escritoen ese texto genial, como le pasó a Neruda con su Residencia en la Tierra. Loque fascina a la gente es el renombre y el estruendo de los premios, pero nadamás escaso que el ojo de leer. ¿Y Matta? Bueno, él es para mí el relámpago yparece gobernarlo todo con su invención: lo visible y mucho de lo invisible. Nosólo es ojo sino galaxia distinta, parto de mundo, alguien que de veras ve dedía a las estrellas, como Don Quijote, un alumbrado en fin. Y además, qué modode silabear el mundo en sus escritos, de vislumbrar el caos primigenio, ycuánto amor por el hombre entero que algún día vendrá después del descuartizadoque somos.
De repente estoyen la reniñez y me digo con el gran Horacio de hace dos mil años: "Lusistisatis, edisti satis, atque bibisti. Tempus abire tibi est". Jugastebastante, comiste romanamente, y bebiste: ¡tiempo de que te vayas!
Vamos cerrando conun texto que escribí allá abajo en la Antártica entre el zumbido y el crujidode los grandes hielos color Turquesa, y el silencio que sigue siendo para mí laúnica voz.
Lo escribí en unrapto casi instantáneo el 93 como una carta al Nadie que anda en lo efímero delhombre. Quiera oírla Cervantes desde la eternidad de los hielos donde no secronometran nuestros míseros siglos.
Y ahora la últimapágina, la diez como prometí. Se me excuse la asfixia de los versos veloces.
Los leo ahí, sin más:
1. Pocaconfianza en el XXI, en todo caso algo pasará,
morirán otravez los hombres, nacerá alguno del que nadie sabe, otra física
en materia desoltura hará más próxima la imantación de la tierra
de suerte queel ojo ganará en prodigio y el viaje mismo será vuelo
mental, nohabrá estaciones, con sólo abrir
la llave delverano por ejemplo nos bañaremos
en el sol, lasmuchachas
perduraránbellísimas esos nueve meses por obra y gracia
de las galaxiasy otras nueve
por añadiduradespués del parto merced
al crecimientode los alerces de antes del mundo, así
las mareasestremecidas bailarán airosas otro
plazo, otroritmo sanguíneo más fresco, lo que por contradanza hará
que el hombreentre en su humus de una vez y sea
más humilde,más terrestre.
2. Ah, y otracosa sin vaticinio, poco a poco envejecerán
las máquinas dela Realidad, no habrá drogas
ni películasmíseras ni periódicos arcaicos ni
—disipación yestruendo— mercaderes del aplauso ignominioso, todo eso
envejecerá enla apuesta
de la creación,el ojo
volverá a serojo, el tacto
tacto, la nariz
éter deEternidad en el descubrimiento incesante, el fornicio
nos harálibres, no
pensaremos eninglés como dijo Darío, leeremos
otra vez a losgriegos, volverá a hablarse etrusco
en codas lasplayas del Mundo, a la altura de la cuarta
década seunirán los continentes
de modo queentrará en nosotros la Antartica con todo su fascinación
de mariposa deturquesa, siete trenes
pasarán bajoella en múltiples direcciones a una velocidad desconocida.
3. Hasta dondealcanzamos a ver Jesucristo no vendrá
en la fecha,pájaros
de aluminioinvisible reemplazarán a los aviones, ya al cierre
del XXIprevalecerá lo instantáneo, no seremos
testigos de lamudanza, dormiremos
progenitores enel polvo con nuestras madres
que noshicieron mortales, desde allí
celebraremos elproyecto de durar, parar el sol,
ser —como losdivinos— de repente.
Gracias.
Tags: Premio Cervantes, 2003, Gonzalo Rojas